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Los laboratorios de aguas y los retos de los “nuevos contaminantes”

Los laboratorios de aguas y los retos de los “nuevos contaminantes”

Para todos aquellos que estamos vinculados a la gestión del agua de una u otra forma, la determinación de sustancias contaminantes nos es familiar.

La Directiva Marco del agua (DMA) y su reglamentación posterior, incorporaron hace veinte años el control de determinadas sustancias. Esos «viejos» contaminantes son compuestos tóxicos que permanecen intactos en el medio, elevados periodos de tiempo, pero a los que su volatilidad les permite desplazarse a distancias muy alejadas del lugar de producción. Debido a su lipofilia, se acumulan en los tejidos grasos, alcanzando mayores concentraciones a medida que aumenta la escala en la cadena trófica, lo que potencia su riesgo.

El análisis de estos compuestos ha supuesto retos analíticos importantes en el pasado que, aunque en su mayoría resueltos, perduran como problemas asociados a la dificultad de lograr cuantificar en los límites requeridos por las NCA.

Frente a esos «viejos» contaminantes, la revisión de la legislación ha puesto en el centro de atención a otras sustancias, los «nuevos contaminantes». Fármacos, hormonas, microplásticos, estos «nuevos contaminantes» son compuestos familiares de uso generalizado. ¿Por qué esa denominación, entonces? Su «novedad» se debe a la reciente conciencia de su existencia en el medioambiente, gracias a nuevas técnicas de análisis y a la disminución de los límites de detección que permiten estas. Esa conciencia ha supuesto una creciente preocupación en las administraciones y en la propia opinión pública.

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UN CONTENIDO DE: Mar Carramolino Fitera