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Vivir sin agua no es vivir

descarga (1)Las 27 fotografías que componen la muestra son obra del fotoperiodista Juan Carlos Tomasi que ha estado en Ruanda, Balcanes y Sudán

En un mundo en el que para beber un vaso de agua basta con abrir un grifo o buscar la tienda más cercana y comprar por unos céntimos una botellita, resulta complicado entender cómo viven miles de personas en el mundo sin el acceso a un elemento tan básico que, según los expertos en nutrición, debemos beber en gran cantidad. Hasta dos litros diarios. Ahora probemos a aguantar la sed. Imaginemos que las fuentes del mundo se han secado y hay que resistir el mayor tiempo posible sin beber, que ni siquiera hay agua para atender la necesidad de un bebé. Quizás, solo quizás, lograremos entender cómo viven en zonas del mundo como Níger, un país de lluvias escasas donde la falta de agua marca el día a día de su población y, sobre todo, de los niños. Justo a esa realidad, tan real como la de este lado del mundo, nos acerca la exposición Las vidas del agua , organizada por la Fundación We Are Wager en colaboración con Médicos Sin Fronteras, que estos días y hasta el próximo 30 de septiembre, se puede ver en la sala de Cajasur-Gran Capitán de Córdoba en un recorrido itinerante. Se trata de 27 fotografías del fotoperiodista Juan Carlos Tomasi llenas de poesía, de color y de un sinfín de detalles que definen un mundo que subsiste apenas sin agua potable. Todas ellas están tomadas en una zona del Sahel donde el acceso al agua es un problema provocado por la falta de infraestructuras que permitan su almacenamiento en la época de lluvias, obligando a las familias a consumir agua contaminada.

Carlos Recio es un médico cordobés que ha conocido en primera persona la realidad de Níger y otros países de Africa, donde ha viajado para tratar trastornos nutricionales en niños y coordinando la atención a la población frente a epidemias de malaria, cólera o tosferina. Según Recio, la falta de agua es un problema con muchas aristas, ya que los efectos de esa escasez se multiplican sobre la población, que depende en gran medida de los cultivos que crecen en la estación de lluvias. “Esto genera graves problemas de desnutrición, sobre todo en menores y embarazadas y aumenta la transmisión de enfermedades asociadas que pueden provocar incluso la muerte, ya que la desnutrición deriva en complicaciones que en estas zonas del planeta no tienen tratamiento”. La lluvia no siempre es la solución. En Níger, hay una estación en que cae agua de forma torrencial y que genera inundaciones y bolsas de agua donde se reproduce el mosquito que propaga la malaria, un elemento que resulta letal en cuerpos desnutridos.

El acceso a agua potable y limpia es imprescindible para la curación de estas familias, de ahí que Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaje no solo en proporcionar tratamiento y medicinas sino en la distribución de agua. Según datos de MSF, solo en el 2014 distribuyeron más de 15,5 millones de litros de agua en sus proyectos.

Fuente: http://www.diariocordoba.com/




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