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José Juan González: «Necesitamos más seguridad jurídica y equilibrio financiero»

El máximo responsable de Canaragua muestra su preocupación por la subida de la electricidad y espera que se resuelva lo antes posible la subasta para instalaciones eólicas y fotovoltaicas, que podrían ser clave para reducir costes en la desalación, de alta dependencia en el Archipiélago

Desde algunos sectores sociales y políticos a veces se habla de los campos de golf y que consumen demasiada agua. ¿Hay mucho mito en eso?

Hay bastante falta de información. Debemos tener claro que en Canarias necesitamos dar valor añadido al turista que viene y potenciar atractivos turísticos importantes, como lo es el golf u otros proyectos que ojala se hagan pronto realidad como el Siam Park o el Circo del Sol en Gran Canaria que ha sido noticia en los últimos días. Para quien crea riqueza y mejora el destino tenemos que «ponerles puente de plata» y no obstáculos. Y menos en base a mitos no ciertos. Los campos de golf se riegan, en la mayoría de los casos, con agua reutilizada y no con agua blanca. Además, no consumen muchos recursos de suelo, al contrario, hoy tenemos zonas más verdes y más abiertas gracias a los campos de golf.

Ante la situación energética actual, con la subida de precios, ¿cómo reacciona el servicio del agua?

En Canarias tenemos un enorme reto y es la dificultad de mantener las tarifas de los servicios de agua en su actual estado, sin impactar los precios del mercado de la energía eléctrica que ya para 2020 está por encima de 70 euros/megavatio. Esta alta dependencia de la energía eléctrica, hará difícilmente evitable que su cada vez más elevado precio no provoque un incremento de las tarifas del agua.

¿Qué se puede hacer para evitarlo?

Se trata de definir un plan para reducir la dependencia energética y económica del sector del agua, desligándolo, en la medida de lo posible, de los combustibles fósiles y aportar, en último término, mayor estabilidad a las garantías de suministro y a los precios del agua que pagan al final los vecinos y las empresas. Para ello debemos trabajar por un lado mediante la inversión en medidas de gestión y eficiencia energética, e ir sustituyendo las fuentes de energía convencionales por el aprovechamiento de fuentes renovables asociadas al ciclo integral del agua o a instalaciones vinculadas con los abastecimientos. En este plan es imprescindible el impulso de las administraciones públicas para facilitar, como ya parece que está haciendo el Gobierno de Canarias, la aparición de operadores que faciliten el acceso a energías limpias y más baratas.

Se trata de ser más previsibles

Lo que necesitamos es más seguridad jurídica y equilibrio económico financiero en el medio y largo plazo. Todo pasa por ahí. Otra cosa importante es pedirle a la administración pública que agilice los trámites, porque la burocracia desalienta a cualquiera que quiera invertir. En su día nos hicimos planteamientos de montar proyectos de fotovoltaica y eólica tanto en depósitos como en las cubiertas de una desaladora y no hemos sido capaces de tener los permisos a tiempo.

Contando con la superficie.

Y buenas localizaciones, como Fuerteventura o el sur de Gran Canaria y Tenerife, donde hay horas de sol y viento como pocos lugares. Pero no somos capaces de conseguir la tramitación, algo que debe facilitarse para que la iniciativa privada pueda desarrollarse. El laberíntico entramado que supone en ocasiones la burocracia provoca el desaliento del emprendedor, los proyectos se dilatan y terminan por morir. En esas condiciones por más discurso verde que haya no se llega a ningún lado.

¿Le parece que el binomio agua desalada-energías renovables es el futuro?

Sin duda. El binomio agua-energía en Canarias es tan importante como complejo de gestionar, máxime cuando existen componentes asociados al cambio climático (menor precipitación, variaciones en la temperatura, etc.). Pero ello no debe ser obstáculo para propiciar esa interrelación, si solo actuamos en los procesos sobre los recursos hídricos y no se avanza en los correspondientes a los recursos energéticos, los costes de éstos últimos provocarán que el coste del agua aumente cada vez más.

Hay una cultura muy acendrada alrededor del agua en Canarias, pero a ello debemos agregar una creciente demanda por parte del turista, que pide que el hotel donde se va a alojar sea de gestión sostenible.

Es verdad que esa cultura ha sido importante en las Islas, aunque lamentablemente se ha ido perdiendo. Estoy seguro que mi bisabuelo era más consciente que mi abuelo y mi padre más consciente que yo de la importancia de cuidar un recurso que en nuestras Islas es sigue siendo escaso. Hoy la tecnología nos permite disponer de caudales, pero debemos seguir cuidándolos igual que cuando, con anterioridad a la desalación, su disponibilidad no era suficiente. No olvidemos que la desalación fue un punto de inflexión cuando se instaló en 1973 en Lanzarote, primer lugar en España y toda Europa. La trajeron los lanzaroteños, que son grandes emprendedores, en un magnífico ejemplo de iniciativa privada capaz de identificar una solución, tener la valentía para traerla y a partir de ahí sentar las bases para todo un desarrollo posterior.

 

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