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Gertjan Medema (KWR): «El SARS-CoV2 no se propaga a través del ciclo del agua»

Un artículo de Olivia Tempest. Traducción de Cristina Novo

El instituto de investigación de aguas KWR, de los Países Bajos, lleva casi diez años analizando las aguas residuales urbanas. Cuando comenzó el brote de coronavirus, y antes de que se confirmara el primer caso en este país, los investigadores de KWR pensaron que podrían encontrar el coronavirus SARS-CoV-2 en las aguas residuales, procedente de las heces de las personas infectadas. Desde entonces, los microbiólogos han trabajado para detectar el nuevo coronavirus en las plantas depuradoras y sus resultados preliminares muestran la detección del fragmentos de genes del SARS-CoV-2 el 15 de marzo.

Hemos hablado con el profesor Gertjan Medema, Microbiólogo Principal en el KWR, para saber más sobre sus últimas investigaciones y las implicaciones de los resultados para la industria de aguas residuales a nivel global.

Pregunta: El KWR está analizando la presencia de SARS-CoV-2 en aguas residuales para determinar el número de infecciones por el virus en la población. ¿Cree que analizar la presencia del coronavirus SARS-CoV-2 en las aguas residuales es más eficiente que las pruebas tradicionales?

Respuesta: Los análisis en aguas residuales se utilizan como método indicativo que proporciona información indirecta sobre la presencia del virus en una en una población conectada a una determinada planta depuradora. En la actualidad no es posible obtener el número de personas infectadas, ya que no sabemos la cantidad de virus que excreta cada individuo en las heces. Sin embargo, puede que sea posible en futuras investigaciones, en particular si se combinan los datos de las aguas residuales con datos clínicos y epidemiológicos (por ejemplo, el número de personas diagnosticadas u hospitalizadas).

De cualquier manera, como hemos podido leer en los medios en las últimas semanas, las pruebas convencionales no indican cuantas personas están infectadas realmente, porque es imposible realizarlas a toda la población. Esto se debe a que, por una parte, solo se puede realizar un número determinado de pruebas, por lo que solo aquellos con enfermedad más grave se someten a las pruebas, y por otra parte, a que no todas las personas tienen síntomas lo suficientemente graves para contactar con los servicios sanitarios (por lo que no se les realizan pruebas).

Así pues, se desconoce la prevalencia del virus en la población general. Es aquí donde el seguimiento de las aguas residuales, que a menudo se denomina “epidemiología basada en las aguas residuales” puede ser de ayuda para las autoridades sanitarias con el fin de hacer un seguimiento a nivel poblacional de la presencia del virus y, de forma indirecta, indicar si aún hay personas infectadas. Los métodos convencionales (es decir, realizar pruebas a las personas directamente) seguirán siendo fundamentales ya que es la única forma en que las autoridades sanitarias pueden determinar si las personas están infectadas. Los análisis de aguas residuales pueden complementar esta información, al permitir que las autoridades puedan hacer un seguimiento de la presencia del virus en grandes poblaciones a lo largo del tiempo, algo crucial para establecer el efecto de las medidas tomadas para reducir el contagio.

Es más, también proporciona información espacial, ya que grandes áreas en las que quizá no se ha detectado el virus aún a través de pruebas convencionales pueden estudiarse mediante análisis de las aguas residuales. Por último, aunque no menos importante, los análisis de aguas residuales pueden ser una herramienta ideal para determinar si el virus y la epidemia están reaparaciendo, con lo que las autoridades tienen tiempo de identificar los lugares en donde se está propagando e implantar las medidas necesarias para contenerlo.

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