Cada euro invertido en agua renta ocho

logo-h1El Día Mundial del Agua se celebra este año bajo el lema “Agua y Desarrollo Sostenible”, algo que afecta sobre todo a los países pobres, pero también a los ricos.

Los expertos del Foro Económico Mundial, conocido como Foro de Davos, lo tienen claro: su último Informe sobre Riesgo Global considera que la mayor amenaza que afronta la humanidad es la crisis del agua: dentro de sólo 15 años, las necesidades de agua dulce superarán la capacidad de recuperación natural en un 40 por ciento en numerosas zonas, especialmente allí donde se levantan las megalópolis en que se concentra la población.

A ello hay que añadir que el calentamiento global afectará a los regímenes de lluvias, provocando más sequías y más inundaciones, que reducirán la productividad de las cosechas hasta en una cuarta parte. Hoy en día, estos desastres naturales, además de ocasionar cuantiosos daños en las zonas afectadas, tienen capacidad de alterar el precio global de los alimentos.

No es extraño, por lo tanto, que las instituciones internacionales, como la ONU, el Banco Mundial o la OCDE, estén volcados en situar el agua como uno de los ejes de las políticas de desarrollo sostenible, tanto en los países ricos como en los pobres, si bien con mayor énfasis en éstos últimos por las graves carencias que todavía tienen en aspectos tan básicos como el acceso de la población al agua potable y al saneamiento.

Según el último informe sobre los Progresos en Materia de Agua Potable y Saneamiento, de Unicef y la OMS, más de 700 millones de personas no disponen de agua de un modo fácil y rápido, más de 2.500 millones no utilizan instalaciones de saneamiento y unos 1.000 millones todavía hacen sus necesidades al aire libre, lo que genera gravísimos problemas sanitarios que derivan en que más de medio millón de niños mueran anualmente.

Las cosas, afortunadamente, están cambiando a notable velocidad: desde el año 1990 más de 2.000 millones de personas han conseguido acceder a una fuente de agua segura -casi 4.000 millones ya la tienen directamente en el hogar- y otros 2.000 millones han logrado usar instalaciones de saneamiento mejorado de un modo habitual.

Enorme coste de oportunidad

Esta buena evolución de los datos se explica por la gran rentabilidad que tienen las inversiones en materia de agua -ejercen de multiplicador sobre la mayoría de los sectores económicos- y por el enorme coste de oportunidad que acarrea no acometerlas.

De media, la falta de agua y saneamiento reduce un 1,5 por ciento el PIB de los países afectados, aunque en África, el continente en peor situación, esa merma asciende hasta el 5 por ciento, al que hay que sumar otro 2 por ciento por los apagones, y entre un 5 y un 25 por ciento por las sequías y las inundaciones. India, uno de los grandes países emergentes, podría aumentar su PIB un 3,9 por ciento sólo con la implantación universal del saneamiento. A nuestro vecino Marruecos, la mala calidad del agua le cuesta casi el 1,5 por ciento del PIB, a Indonesia el 2,3 por ciento, a Suráfrica el 1 por ciento…

En los países ricos también es fácil encontrar referencias del perjuicio que acarrea la inacción, aunque ya estén solventados los principales problemas, que son los sanitarios. Por ejemplo, la salinidad de los sobreexplotados acuíferos de California tiene un impacto de 3.400 millones de dólares, y el riesgo de sufrir pérdidas por inundaciones en los países de la OCDE ha crecido un 160 por ciento desde 1980, mucho más rápido que el PIB per cápita.

Muy elevada rentabilidad

La rentabilidad de las inversiones en agua varían mucho en función de las condiciones concretas, pero algunas magnitudes ya están internacionalmente aceptadas. En lo básico, el abastecimiento y el saneamiento de las poblaciones, la OMS estima que cada euro se convierte en dos y 5,5 respectivamente. En los países ricos, esa rentabilidad no es menor: la Conferencia de Alcaldes de EE UU estima que cada dólar invertido en el ciclo urbano genera seis directamente, a los que hay que añadir otros 2,6 de forma indirecta.

En otras áreas relacionadas con el agua, los números son todavía mejores. La gestión y prevención de inundaciones se lleva la palma: en EE UU el ejército ha gastado en ello 200.000 millones de dólares desde 1920, lo que se ha traducido en un beneficio de 700.000 millones; en Asia se calcula que cada dólar invertido en alerta temprana causa una ganancia superior a 500.

Sumando todos los frentes económicos afectados, resulta que la inversión en el líquido elemento es de las más rentables que pueden acometerse, porque cada euro destinado a él genera una media de ocho euros de beneficio.

Y estas cifras serían aún mejores si la gobernanza del agua fuera mejor de lo que es: el Informe sobre corrupción Global de 2008 señalaba que entre un 10 y un 30 por ciento de los recursos económicos destinados al agua se pierden por las cloacas.

Cambio en la financiación

Precisamente por eso, los mecanismos globales de financiación de las infraestructuras y la gestión del agua están cambiando durante la última década, sobre todo en el ámbito de la cooperación internacional. Si antes la norma general era que los países donantes destinaran un presupuesto específico para cada actuación, sin preocuparse demasiado del modo en que se empleaba, ahora se enfatiza la obtención de resultados, condicionando la entrega de los fondos a la consecución de unos objetivos que se establecen previamente y se miden con indicadores.

El cambio está incrementando la eficiencia de unos capitales que han mermado con la crisis económica y que aún se precisan en grandes cantidades: la cobertura universal en materia de abastecimiento y saneamiento exige la inversión de más de 500.000 millones de dólares, según la OMS, y sin contar los costes de operación y mantenimiento.

Objetivos a partir de 2015

Los datos globales de acceso a los servicios de agua han mejorado mucho desde que la ONU estableció en el año 2000 los Objetivos del Milenio. Uno de ellos era reducir a la mitad la población sin acceso al agua y al saneamiento en 2015, este mismo año.

A pesar de que persisten muchas desigualdades regionales en el cumplimiento de dichos objetivos, el de abastecimiento se cumplió en 2010 -casi el 90 por ciento de la población lo disfruta-, mas no se cumplirá el de saneamiento: debería llegar al 75 por ciento, pero nos quedaremos en el 64 por ciento.

Así, hay un fuerte debate internacional para establecer unos nuevos objetivos que miren al año 2030 y que deberían decidirse este año. Éstos ya tendrían que considerar el impacto de limitar el calentamiento global a 2º centígrados, que según el Banco Mundial oscilará entre 70.000 y 100.000 millones al año, de los que entre 13.700 y 19.200 corresponderán al agua.

Fuente http://www.eleconomista.es




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