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Póngame agua del grifo

Siempre me han llamado la atención éstos restaurantes en los que, al tomarte nota de la comanda y pedir agua, te traen una jarra del grifo.

nuevoMe ha vuelto a pasar. Siempre me han llamado la atención éstos restaurantes en los que, al tomarte nota de la comanda y pedir agua, te traen una jarra del grifo. Un acto que debería ser del todo común, como lo es en muchos países de nuestro entorno, pero que sin embargo aquí sigue siendo una rareza. Un ejemplo que viene a demostrar por qué, pese a la excelente calidad de la mayoría de nuestras aguas de grifo y su total garantía de consumo, España es uno de los países del mundo en los que se consume más agua envasada.

El control de calidad del agua potable que sale de nuestros grifos acata unas rigurosas normativas, tanto estatales como comunitarias, que obligan a su análisis constante. El agua que circula por las redes de distribución está sometida a controles diarios en las poblaciones de más de 100.000 habitantes y de una vez al mes en las poblaciones de hasta 5.000 habitantes. Es por lo tanto un agua de total confianza, tanto o más que las minerales envasadas. Sin embargo en la restauración apenas se usa.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) realizó hace unos años un completo estudio sobre las aguas minerales embotelladas en el que criticaba las estrategias publicitarias de algunas marcas para promover su consumo como complemento activo de una dieta adelgazante. En dicho informe la OCU defendía el consumo de agua de grifo como la opción más barata, ecológica y saludable, por lo que invitaba a las administraciones a exigir que se sirva preferentemente en los restaurantes, siempre que la calidad organoléptica (el sabor) sea adecuada.

Según esta prestigiosa organización dicha obligatoriedad reduciría de manera significativa los residuos de envases que se generan en el sector de la hostelería, las emisiones de gases contaminantes y con efecto invernadero asociadas a la distribución y transporte de las botellas, y un aspecto muy importante: rebajaría el coste medio de los menús, algo nada desdeñable en los tiempos que corren.

En relación a este último aspecto cabe recordar que un litro de agua envasada cuesta hasta 250 veces más que un litro de agua del grifo, o lo que es lo mismo: pagamos por una garrafa de 5 litros lo mismo que nos cobran por 1.000 litros en casa. En cuanto a la demanda de energía, para obtener un litro de agua envasada es necesario consumir 100 veces más electricidad que para conseguir un litro del agua que circula por la red de abastecimiento. Por todo ello resulta mucho más sostenible, económicamente y ecológicamente hablando, consumir agua de grifo.

En todo caso permítanme que antes de acabar deje muy claro que el agua mineral envasada es una excelente opción de consumo: un producto seguro, controlado y mucho más saludable que la mayoría de refrescos formulados con aromas artificiales y saturados de azúcar. Pero eso sí: su consumo no puede justificarse porque sea más saludable o más segura que la que sale del grifo.

Fuente: Jose Luis Gallego para eldiario.es http://www.eldiario.es/




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