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Luis González Sosa: “Tenemos consciencia del esfuerzo y valor de cada gota de agua”

La Cámara insular de Aguas de Tenerife ha cumplido 40 años de existencia. Durante este tiempo, esta institución ha representado a los 30.000 partícipes de derechos de agua que hay en la isla. La intención de la institución es seguir garantizando esos derechos y el suministro de agua. Hablamos con el secretario de la Cámara Insular de Aguas de Tenerife, Luis González Sosa.

¿Qué papel desempeña la Cámara insular de Aguas de Tenerife en el contexto actual, en el que se cuestiona la propiedad del agua y se ponen límites temporales a su explotación?

No tenemos la sensación de que la propiedad del agua esté cuestionada. Desde luego no lo está en los estamentos públicos, que son respetuosos con el reconocimiento que realiza la Ley de Aguas de Canarias de 1990, como no podía ser de otra manera. Y más allá de legalidades, tampoco está cuestionada para quienes conocen la historia del agua en las Islas, que no es cosa de la última década, sino de cinco siglos de historia.

Por otro lado, con arreglo a esa Ley, efectivamente estamos en un régimen transitorio que podría provocar que el aprovechamiento y gestión de los recursos hídricos sea competencia exclusiva de las administraciones públicas en el futuro, pero ni este tiempo de transición ni las décadas anteriores a que fuera establecido, han servido para demostrar que la gestión pública es más eficiente que la privada, y si nos atenemos a lo esencial que resulta el agua para cualquier actividad desarrollada en las islas, nada impide pensar que los canarios sigamos disfrutando de una organización singular en la gestión del agua que ha permitido un nivel de desarrollo notable de las Islas, entre otras cosas gracias a la iniciativa privada en el mundo del agua.

40 años de trabajo del sector privado del agua en Tenerife dan para mucho. ¿Cuáles han sido los logros y sombras de este sector vital para la isla?

Los tenedores de participaciones de agua integrados en Comunidades de Aguas, que son a los que representamos desde la Cámara Insular de Aguas de Tenerife, tienen una historia más extensa que la de esta institución porque habría que remontarse a los tiempos de la Conquista.

Nosotros, desde el año 1977, lo que hemos hecho es representarles, apoyarles y sobre todo defenderles cuando el sector se ha sentido amenazado. No somos un sector económico contestatario, todo lo contrario, tenemos una pacífica convivencia en nuestras actividades económicas y tendríamos un largo listado de situaciones en las que nuestro sentido de la responsabilidad y lealtad a las instituciones han servido para desatascar cuestiones importantes para esta Isla, allí donde hemos tenido representación en las Instituciones.

Desde ese punto de vista comprenderá que 40 años dan mucho sobre lo que hablar, pero creo que hay dos hitos que destacan por su trascendencia social. Uno fueron las movilizaciones sociales lideradas a finales de la década de los 80, para defender a los tinerfeños del atropello a su propiedad que suponía la Ley de Aguas, y que desembocó en una legislación específica para las islas. Otro lo estamos viviendo en estos momentos con la defensa a las interpretaciones injustas que se vienen haciendo a la tributación de las aguas. Creo que somos el único sector que ha pedido en Canarias que se aplique la legalidad con rigor, y se hagan las modificaciones legislativas oportunas para contar con la suficiente seguridad jurídica, en lugar de pedir que exista una menor tributación.

El modelo de explotación y gestión de un recurso como el agua en Tenerife, queda refrendado por la garantía del abastecimiento y cuidado en la sostenibilidad del mismo, ¿Por qué se cuestiona, para qué cambiarlo?

El modelo no está cuestionado. Pero es cierto que se producirá un cambio cuando venza el plazo de transición que estableció la Ley de Aguas de 1990, de forma que podrán ser las administraciones públicas las que asuman el papel hecho durante siglos por la iniciativa privada.

Creo que no debe cuestionarse si la gestión del agua es pública o privada, sino quién lo hace con más garantías de que exista recurso suficiente para toda la Isla y quien lo hace en términos de mayor eficiencia, porque en ambos casos de lo que estamos hablando es de que la gestión del agua sea medio ambientalmente eficiente y lo más competitiva posible para los tinerfeños.

Si alguien se siente satisfecho con la posibilidad de que toda la gestión sea pública sin más motivo que ese, es una posición muy respetable pero en absoluto compartida. A nosotros nos preocupa que se haga bien y con el menor coste posible. Lo demás son debates más cargados de romanticismo que de sensatez.

A día de hoy el 84% del agua que se consume en Tenerife es de origen subterráneo, ¿es realista cambiar esa realidad y modelo a corto plazo?

No lo es por varias razones. Primero porque no es necesario ya que la isla cuenta con recursos hídricos suficientes sin que sea necesario sustituir los de origen subterráneo. Pero además, estaríamos hablando de un montante en inversiones inalcanzable y unos problemas ambientales de mucha envergadura.

El incremento de los costes del agua que supondría el cambio drástico de modelo sería igualmente insostenible para la población y las actividades económicas más sensibles al precio del agua, como por ejemplo el sector primario.

¿La desalación es la panacea que garantizará el abastecimiento?

No hay posiciones maximalistas válidas. Ni la desalación es la panacea, ni es un demonio.

Al final, de lo que se trata es de lograr un equilibrio entre oferta y demanda de la forma más racional y sostenible posible. La desalación es un complemento para compensar el crecimiento de la demanda insular experimentado en los últimos años de la mano del sector turístico y de la población principalmente, pero tiene costes más elevados y limitaciones medio ambientales , urbanísticas, de emisiones de CO2 y de dependencia energética que no pueden ser pasadas por alto.

Como digo, lo que necesitamos es mantener un equilibrio entre oferta y demanda. Tal vez ha existido cierta fijación en la desalación y se han descuidado esfuerzos en la depuración, que habría permitido aportar recursos hídricos al sector primario, resolviendo al mismo tiempo el impacto que generan los vertidos sin depurar, auténtica asignatura pendiente y motivo de sanciones desde la Unión Europea.

Es lo que debería haber tenido en cuenta la planificación hidráulica desde el principio, pero se ha escuchado poco, algo que estoy seguro irán corrigiendo.

Otro de los papeles fundamentales del sector privado es el transporte de agua desde las galerías o pozos, ¿Por qué ustedes son tan eficientes en el transporte y las redes públicas no lo son?

Primero porque tenemos consciencia del esfuerzo y valor de cada gota de agua. Y segundo porque nuestra gestión está inspirada en la eficiencia, no en distraernos en actuaciones que no son prioritarias pero que podrían parecer más vistosas. Supongo que esto último también responde por qué en otros casos la eficiencia es tan baja.

¿Cuál debe ser el futuro de la Cámara de Aguas de Tenerife?

El futuro de la Cámara está ligado al de sus representados, así que no podemos ser más que optimistas en que seremos capaces de resolver los desafíos que tiene el sector, como el caso de los problemas fiscales que se han ocasionado más recientemente, de la mano de las administraciones, con las que siempre hemos colaborado y con las que en ocasiones discrepamos porque nuestra prioridad es que el agua siga siendo algo que no ocupe los titulares de los medios de comunicación. El mejor síntoma de que las cosas se seguirán haciendo bien.




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