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El Cabildo concede los Premios Tenerife Rural Pedro Molina vinculados a la actividad agraria

Estos galardones reconocen la trayectoria de personas o entidades que destaquen por su labor de conservación del medio rural

El Cabildo, a través de la Fundación Tenerife Rural, ha otorgado sus premios anuales por la labor de conservación de la biodiversidad, el patrimonio, la innovación y las tradiciones rurales vinculadas a la actividad agraria.

El consejero insular de Agricultura, Ganadería y Pesca, Jesús Morales, destaca que estos premios tienen como principal objetivo «reconocer la trayectoria de aquellas personas o entidades que destacan por su aportación a la conservación de la biodiversidad agrícola y ganadera, al mantenimiento de las prácticas agrarias tradicionales de alto valor ambiental, a la recuperación y conservación del patrimonio rural vinculado a la actividad agraria de Tenerife, a la mujer rural y a la innovación empresarial sostenible en el sector primario».

El jurado, reunido recientemente, acordó conceder el Premio Tenerife Rural a la Conservación del Patrimonio Agrario y de las Tradiciones Rurales a la ganadera Juana María Cabrera, epicentro de una saga de cabreros muy populares en el municipio de La Orotava. Entre sus aportaciones destaca su contribución a la conservación de la raza caprina tinerfeña, en su biotipo Tenerife Norte, caracterizada por su gran pureza y la transmisión de todo el acervo cultural relacionado con las prácticas de pastoreo así como el adiestramiento de perros pastores y el mantenimiento del proceso artesanal de elaboración de queso fresco.

En cuanto al premio a la Iniciativa Empresarial Innovadora y Sostenible en el Medio Rural, ha sido concedido a la empresa Granja El Gorito, regentada por Víctor Manuel Fumero. Su empresa, pionera en la cría del cochino negro, ofrece también productos elaborados con la carne de esta raza autóctona tan apreciada por el consumidor.

Los Corazones de Tejina han obtenido el Premio a la Labor de Investigación de los Valores del Mundo Rural de Tenerife por ser un legado de alto valor etnográfico y antropológico cuyas primeras referencias históricas datan del siglo XX. Esta tradición, un icono popular y un símbolo comunitario en este pueblo de La Laguna, es también un vehículo para reconocer y mantener las costumbres del campo, sus productos y su paisaje.

 

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