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Una fascinante y proverbial alianza

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El director conservador del Parque Nacional de Garajonay analiza la realidad de esta joya natural de La Gomera tras las celebraciones del Día Internacional de los Bosques y Día Mundial del Agua

El Día Internacional de los Bosques y el Día Mundial del Agua se celebraron los pasados 21 y 22 de marzo. Presumimos que esta proximidad en el calendario es intencionada, como reconocimiento de la estrecha relación entre el bosque y el agua. Esta relación es especialmente evidente en La Gomera, donde la mayor parte del agua dulce fluye de los bosques.

El agua es fundamental para la vida, para nosotros, los humanos y para todos los seres vivos que aquí viven y comparten con nosotros el Planeta. El agua dulce es un recurso escaso en Canarias y también en La Gomera. En nuestra Isla la mayor parte del agua procede, insistimos, de sus bosques, principalmente de sus bosques de laurisilva, buena parte de ellos incluidos en el Parque Nacional de Garajonay. Esta realidad, reconocida desde siempre por los gomeros, obedece a la suma de va
rios factores. Por un lado está el clima lluvioso y húmedo reinante en estos bosques que permite su propia existencia y la entrada de cantidades considerables de agua. A esto se une la irremplazable función captadora y reguladora del propio bosque que junto con la configuración geológica de la meseta central de la Isla, hace posible un considerable almacenamiento interior del agua en forma de un gran acuífero colgado en el centro de la Isla, de donde surgen los nacientes cuyos caudales siguen siendo los principales suministradores de agua. También tiene su importancia el relieve relativamente suave de dicha meseta, donde el bosque se asienta, que favorece la infiltración y que el agua no se pierda rápidamente en el mar, encauzada por los barrancos, como ocurre de una forma mucho más acusada en el resto de la Isla.

Para que el agua sea posible en La Gomera, todos estos factores se alían con la propia conservación del bosque de una forma proverbial y fascinante. En lo que sigue vamos a centrar nuestra explicación en cómo funciona esta extraordinaria alianza entre el bosque, el agua y la conservación.

La laurisilva está adaptada al máximo para sacar provecho de las condiciones ambientales en que vive. Sus copas, interceptan con eficacia la lluvia haciendo que llegue mansamente al suelo, y los musgos, helechos, arbustos, plantas herbáceas y el manto de hojarasca que alfombra el suelo, lo protegen con eficacia de la erosión cuando se producen aguaceros intensos. No nos olvidamos de los árboles muertos que yacen caídos, que actúan como obstáculos que frena y retiene el agua en las laderas inclinadas, ayudando a frenar la erosión.

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