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Gobernanza del agua: ni realismo mágico ni esperanzas ilusorias

elpais.com_bajaLos autores abogan por que la cumbre del clima (COP 22) aborde el problema del agua

Entre los días 7 y 18 de noviembre de 2016 tiene lugar en Marrakech (Marruecos) la 22ª Conferencia de las Partes (COP22) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Es una ocasión que la comunidad internacional no debería desperdiciar para elevar el perfil del agua en las discusiones globales, como sucedió en la Declaración de París, en la COP21, donde este tema fue omitido.

Muchos lectores conocerán el célebre comienzo de una de las novelas emblemáticas del realismo mágico: Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. El poder de evocación del hielo para los habitantes de Macondo, su capacidad de fascinación, es equivalente a la que hoy en día experimentan muchos habitantes del mundo al escuchar a expertos en la gestión del agua presentar quiméricas soluciones a problemas bien tangibles. Desde la escasez estructural de agua o el riesgo de sequía a las inundaciones, pasando por el deterioro progresivo (a veces irreversible) de la calidad del agua o la pérdida de diversidad biológica en ecosistemas acuáticos, los desafíos asociados a la gestión del agua encuentran con frecuencia dos respuestas extremas: por un lado, soluciones inefables basadas en cierto optimismo tecnológico (cualquiera que sea el problema, siempre tendremos cómo resolverlo, dicen); por otro, una mezcla de esperanza y percepción de que todos deberíamos decidir sobre todo en cada etapa. Unas y otra resultan ineficaces, cuando no contraproducentes, para enfrentar esos retos.

Es habitual en nuestros viajes profesionales a América Latina que se nos solicite una opinión sesuda sobre los fenómenos de El Niño o La Niña. Un fenómeno meteorológico es, en buena medida, un hecho (más allá de la inequívoca influencia humana sobre el clima); no algo que pueda cambiarse o, desde luego, no de modo sencillo. Sabemos, al mismo tiempo, que la gestión del impacto de esos fenómenos es un asunto bien humano, que la responsabilidad para aumentar los niveles de resiliencia ante desastres naturales no demanda oraciones, que la gobernanza del agua aumenta nuestra capacidad de adaptación y respuesta a las variaciones del tiempo o del clima.

 

Leer más: El País




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