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«Debemos entender que los servicios de agua y saneamiento son clave para garantizar la salud»

Un artículo de Águeda García de Durango

El pasado mes de octubre, Pedro Arrojo fue nombrado Relator Especial para los derechos humanos al agua potable y al saneamiento por Naciones Unidas, en sustitución de Léo Heller. Con este nombramiento, será el tercero en ocupar este cargo, y el primer español en ocupar un puesto de Relator Especial en Naciones Unidas.

Pedro Arrojo es Doctor en Físicas y profesor emérito de Análisis Económico, y ha centrado su investigación en la economía del agua. Ello le ha valido para publicar setenta libros, unos cien artículos y participar en múltiples congresos.

Arrojo, que ha trabajado como Diputado de Unidas Podemos por Zaragoza durante los últimos años, lleva desde 2001 vinculado al sector del agua, cuando lideró la oposición al Plan Hidrológico Nacional.

Ahora, tras su nombramiento durante la 45ª sesión del Consejo de Derechos Humanos, celebrada en Ginebra, se enfrenta a los retos del derecho humano al agua y al saneamiento en un contexto de crisis global en el que la COVID-19 y el cambio climático se alzan como los mayores retos a los que hacer frente.

En primer lugar, enhorabuena por su nombramiento. ¿Qué supone para usted esta nueva responsabilidad, y con qué objetivos la asume?

Supone un gran honor, pero también una responsabilidad tan desbordante como ilusionante. Me ofrece, en suma, la posibilidad de volcar hacia Naciones Unidas el caudal de saberes y de experiencias que he cultivado a lo largo de mi vida, tanto en mi trabajo como investigador universitario, desde el enfoque interdisciplinario que viene promoviendo la Fundación Nueva Cultura del Agua, como en mi compromiso ciudadano en estrecha colaboración con los movimientos sociales.

Los objetivos que pretendo afrontar son múltiples, pero siempre insisto en la necesidad de vincular la lucha por los derechos humanos al agua potable y al saneamiento con la recuperación del buen estado y la sostenibilidad de los ecosistemas acuáticos. Me propongo diseñar los perfiles y objetivos de mi mandato en el marco de la triple crisis global vigente –climática, de salud pública y de gobernanza democrática– que nos imponen el cambio climático, la pandemia de la COVID-19 y la financiarización de la vida. Para ello, será fundamental trabajar en estrecha colaboración con otros mandatos y relatores especiales (medioambiente, vivienda digna, salud pública, pobreza extrema, contaminación tóxica, violencia contra las mujeres, pueblos indígenas, migrantes…), así como con organizaciones y agencias de la ONU como ONU Mujeres, la OMS, UNICEF o UNESCO. Dedicaré, eso sí, especial atención a colaborar con ONU Agua (UN Water) para fortalecer el enfoque de derechos humanos que entiendo debe presidir el importante papel que puede y debe jugar a nivel global, desde la perspectiva del interés general de la humanidad, por encima de intereses nacionales o empresariales.

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