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Agua que sí has de beber

Carlos Alonso

Hay una enorme diferencia entre la oportunidad y la responsabilidad. Porque la primera se puede convertir en oportunismo pero la segunda nos conduce siempre a la prudencia. Los últimos tiempos nos están acostumbrando, desgraciadamente, al análisis compulsivo de grandes problemas, que parecen apocalípticos, que nos ocupan y preocupan durante unas pocas semanas para desaparecer luego, con la misma velocidad a la que llegaron, del panorama de la opinión. Pero para quienes tienen la verdadera responsabilidad de solucionar los problemas de la gente, esas cuestiones estaban antes del debate oportunista y siguen presentes cuando ya todo el mundo parece haberlas olvidado.

En la actualidad, poca gente considera que el agua sea un problema en Tenerife. Pero lo fue. En los años de la mayor necesidad, los pequeños agricultores y muchos ciudadanos de esta isla se unieron para sacar agua de nuestras entrañas, desarrollando un conjunto de obras de perforación que no tienen comparación en otras zonas de nuestro entorno. Con posterioridad y más recientemente, con el crecimiento de las necesidades de abasto urbano y turístico, las administraciones, con el Cabildo a la cabeza, se pusieron en marcha para ampliar y mejorar de calidad y disponibilidad de este recurso esencial. Se tardó unos años, porque no hay soluciones sencillas a problemas complejos, pero se logró. Ahí están las balsas que riegan nuestra isla y almacenan el excedente de aguas que antes se iban al mar. Ahí están las desaladoras y las depuradores. La mejora de las redes urbanas –excepto en deshonrosas excepciones– que han eliminado las pérdidas en el transporte. Y ahí está la planificación hidrológica seria y responsable que se ha hecho desde el Consejo Insular de Aguas.

El ciclo del agua en una isla como la nuestra es determinante para la vida y el desarrollo. Hace ya mucho tiempo que el Cabildo estaba ocupado y preocupado por los vertidos de aguas residuales al mar. Llegó un verano con un «boom» de microalgas, un fenómeno natural producido por la coincidencia de factores climatológicos, y los vertidos se señalaron como culpables. Durante algunas semanas fue un tema que se puso de moda. Y como mismo llegó, se fue. Para quien no se marchó fue para los que ya veníamos estando preocupados por ese asunto. Porque los vertidos, aunque no sean responsables de las microalgas, son un factor de contaminación de nuestras aguas costeras. Es decir, algo que debemos solucionar y que está incumpliendo la normativa europea al respecto.

 

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