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El agua en la isla de La Gomera

o9auixri_400x400El Plan Hidrológico de La Gomera constituye un ejemplo de cómo una isla puede satisfacer su demanda de agua de una forma sostenible y con el mayor respeto hacia el medio ambiente. En ninguna otra isla de este Archipiélago se han conseguido estas dos premisas -sostenibilidad y respeto- de forma tan clara y eficaz como en La Gomera. La clave de este éxito ha estado determinada por una clara y total apuesta por el agua subterránea.

La isla de La Gomera comenzó buscando el agua en la escorrentía de los barrancos. Fruto de esta política hidráulica fue la construcción de treinta grandes presas como La Encantadora, Amalahuigue, Los Chejelipes, Mulagua, etc. Estas grandes obras hidráulicas, junto con las construidas en Gran Canaria, lograron que ambas islas se erigiesen en las zonas con mayor densidad de presas del mundo. Colosales obras hidráulicas que, debido al carácter torrencial, esporádico y exiguo de las aportaciones, sólo consiguieron dar un porcentaje del caudal de agua que necesitaba la isla. Igual sucedió en las demás islas. En algunas como Gran Canaria se consiguió un poco más, tampoco mucho, pero en otras como en Tenerife el fracaso fue estrepitoso: Los Campitos, El Río y el Plan de Balsas, este último como captador y almacenador de agua de escorrentía, así lo atestiguaron.

A comienzos de la década de los noventa la situación del agua en La Gomera era especialmente dramática. Las capitales municipales, enclavadas generalmente en la costa y demandando la mayor parte del abasto urbano, se debatían entre la escasez y la mezquina calidad de las aguas que aportaban los pozos salinizados, como los de San Sebastián y Valle Gran Rey. Los núcleos altos no presentaban mejor situación: Chipude, Erques, Igualero y tantos otros que desde siempre se habían abastecido con los nacientes, se encontraban en esa fecha con un caudal que apenas cubría sus exiguas necesidades y comenzaron a producirse problemas de orden público. Por su parte, la agricultura y su demanda de agua para riego no se encontraba tampoco mejor. En municipios como Hermigua, la escasez hacía que se debatiera el agua entre el consumo urbano o el agrícola. Y fue en estos momentos, con esa situación tan tensa y dramática, cuando el Avance del Plan Hidrológico de La Gomera propuso un cambio drástico en la política hidráulica insular.

El cambio que se proponía era nuevo en la isla: abandonar la captación de aguas en los barrancos por la perforación de captaciones de agua subterránea. Un cambio tan drástico necesitaba dos premisas fundamentales: una amplitud de miras en los responsables públicos, suficiente para decantarse valientemente por las innovaciones, y una demostración práctica de que esa solución era posible. Las dos cosas se dieron en La Gomera: los políticos insulares rápidamente obtuvieron un presupuesto que se utilizó en perforar sondeos, emplazados allí donde estaban los problemas de desabasto más acuciantes. Con la obtención de agua pronto se demostró que el cambio de política hacia la captación del agua subterránea era la solución más barata, más rápida y la que menos impactaba sobre el paisaje insular.

Los sondeos que se realizaron, Enchereda, Benchijigua, Erques, Las Palomas, etc., no sólo demostraron que en el subsuelo de La Gomera hay agua de excelente calidad y en cantidad suficiente, sino que también se utilizaron para dar desde ellos el suministro a todos los núcleos de población, acabándose con ello la situación dramática y los problemas entre municipios. A la vez se fue elaborando el Plan Hidrológico Insular (PHI) en el que, como primera medida, se definía una zona de reserva, aquella que alimenta los nacientes de la isla, y donde nunca se deberá perforar para que así permanezcan invariables el número y el caudal de agua de los nacientes del Parque del Garajonay.

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